Al informarme sobre cómo funciona la industria del videojuego me sorprendió la poca importancia que en la estructura de la empresa desarrolladora de videojuegos tiene el Departamento de Arte. Mientras que en el cine es un pilar fundamental que cuenta con su propia Dirección, en un videojuego la prioridad la tienen los programadores. Por debajo se encuentran los infografistas y animadores. Más abajo están ya los de Arte y por último, en el caso de que haya, el guionista como el útimo mono de la cadena.
Pero ocurre que a los de Arte les están continúamente cortándoles las alas ya que lo que dice programación va a misa. Y no es de extrañar pues una empresa que decide crear un videojuego debe amortizar un motor gráfico que cuesta una burrada de millones y por tanto, lo único que quieren es crear bibliotecas que puedan volver a repetir en siguientes entregas sin buscarse complicaciones.
Pero eso provoca por un lado que esta generación los juegos en su mayoría carezcan de una estética pensada más allá de los cuatro o cinco estereotipos visuales marcados por las fronteras técnicas (esa es la razón de que esta generación sea la de los Marines Calvos), y sobretodo poco integradas con la historia (el guionista sólo está para rellenar frases en cinemáticas, no para definir el relato).
Por eso, cuando empezamos a crear el proyecto de "El Color que cayó del cielo" vi en el Adventure Game Studio la oportunidad de hacer un planteamiento diferente.

Se trata de un programa freeware creado por Chris Jones, un programador británico que permite crear aventuras gráficas sin necesidad de tirar lineas de programación complicadas. Esto nos permitía al grupo de artistas preocuparnos sólo de la estética, trama y jugabilidad sin depender de limitaciones técnicas. Esta aplicación nos permite contar una historia de la forma más atractiva dentro de los límites que el género nos permite y se la recomendamos a todo aquel que quiera empezar a hacer sus pequeños juegos en su casa. No pide muchos recursos y deja abierto un inmenso abanico de posibilidades ya que en el foro de su web oficial hay una completa comunidad de usuarios que lo usan incluso para crear juegos arcade o incluso rol.
Pero ocurre que a los de Arte les están continúamente cortándoles las alas ya que lo que dice programación va a misa. Y no es de extrañar pues una empresa que decide crear un videojuego debe amortizar un motor gráfico que cuesta una burrada de millones y por tanto, lo único que quieren es crear bibliotecas que puedan volver a repetir en siguientes entregas sin buscarse complicaciones.
Pero eso provoca por un lado que esta generación los juegos en su mayoría carezcan de una estética pensada más allá de los cuatro o cinco estereotipos visuales marcados por las fronteras técnicas (esa es la razón de que esta generación sea la de los Marines Calvos), y sobretodo poco integradas con la historia (el guionista sólo está para rellenar frases en cinemáticas, no para definir el relato).
Por eso, cuando empezamos a crear el proyecto de "El Color que cayó del cielo" vi en el Adventure Game Studio la oportunidad de hacer un planteamiento diferente.

Se trata de un programa freeware creado por Chris Jones, un programador británico que permite crear aventuras gráficas sin necesidad de tirar lineas de programación complicadas. Esto nos permitía al grupo de artistas preocuparnos sólo de la estética, trama y jugabilidad sin depender de limitaciones técnicas. Esta aplicación nos permite contar una historia de la forma más atractiva dentro de los límites que el género nos permite y se la recomendamos a todo aquel que quiera empezar a hacer sus pequeños juegos en su casa. No pide muchos recursos y deja abierto un inmenso abanico de posibilidades ya que en el foro de su web oficial hay una completa comunidad de usuarios que lo usan incluso para crear juegos arcade o incluso rol.
Como podrás comprobar en sus foros las posibilidades son infinitas ya que el programa está en constante crecimiento, no sólo con versiones que mejoran a cada entrega, sino porque permite la posibilidad de insertar pluggins o de toquetear el propio código y hacerte lo que quieras con él.





























